Una mujer Ãntegra e inquebrantable discute con su amiga por la calle, a un comentario de su amiga, toda la fuerza y la integridad de esta mujer se rompe sin más, toda su voluntad se viene abajo y grita y llora desconsolada, dejando todo el maquillaje que llevaba puesto sobre los hombros de su compañera. La gente pasa mirando, no dicen nada, sólo son testigos del sufrimiento ajeno, Nieztche tendrÃa algo que decir al respecto, supongo.
Pobre mujer, en estos tres meses el mundo puso a prueba su corazón, hasta que se rompió en pedazos, en aquel momento en la calle, no recibÃa ninguna mala noticia, no le recordaban nada que hubiera olvidado, no le decÃan nada que no supiera, sencillamente, no pudo más. Y ese corazoncito estalló en pedazos sin más.
Tres meses de insultos, esperas, de sentirse atacada, de no saber dónde esconderse porque en su intimidad no podÃa parar de llorar. Tres meses en los que el mundo le arrebató lo único que le quedaba. Su fe en el ser humano. Tres meses de soportar amenazas, traiciones, acoso sexual, trabajo acumulado, estrés y hasta las más tormentosas inclemencias del tiempo en los peores momentos. Cuando más necesitó del apoyo en su vida, más tuvo que apoyar a gente que en cuanto le dio la espalda, le clavaron la puñalada. Tres meses de esperar buenas noticias que jamás llegaban. Tres meses de soportar todo.
En aquel momento, aquella mujer sólo deseó morir envenenada por tranquilizantes, para que un dulce sueño se apoderara de ella y todo, por fin, todo acabara. Porque cuando creÃa que por fin sus problemas terminarÃan, empezaron nuevos y más terribles problemas, cada vez el mundo era más harto y complejo, cada vez más complicado, y eso acrecentaba los propios problemas que ella de por sà ya tenÃa. El insomnio hizo mella en ella, ya apenas podÃa dormir y cuando podÃa despertaba sobresaltada, su mal humor creció y con ello muchas amigas desaparecieron.
Pero la que más le dolió al irse fue ella, esa con la que se identificaba, esa a la que miraba y pensaba “yo podrÃa haber sido ella”. Le quiso dar la oportunidad para que arreglara su vida y acabó definitivamente por destrozarla del todo y patearle el trasero mientras sonreÃa como si nada pasara, una madre le gritaba suplicando que hiciera algo por su hija, pero ya no podÃa más. No podÃa salvar a todo el mundo si además le pateaban.
El miedo se apoderaba de ella, y su confianza se quebró, asustada pensaba que hiciera lo que hiciera, SIEMPRE SALDRÃA HERIDA. Bueno, se piensa cuando no se sabe con certeza, ella sà lo sabÃa. Su cuerpo no habÃa sido concebido para la felicidad, ni habÃa nacido para ser amada, sino para ser maltratada, humillada y destruida en vida. Lapidada en su propia desesperación la mujer se miró al espejo, vió bolsas bajo sus ojos y unas ojeras que crecÃan sin parar. Se miró y se preguntó:
¿Qué hacer para cambiar mi vida y no sufrir más?